Democracia y medio ambiente

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La quiebra de los principios democráticos, del Estado de derecho y del bienestar y de la democracia liberal solo puede barruntarse (y la literatura ecológica así lo recoge) como un riesgo de desatención social hacia la crisis medioambiental.

Ni todas las formas de democracia prestan la debida atención a la naturaleza, ni todas las expresiones de la preocupación ecológica se corresponden con actitudes democráticas (v. g., algunas prácticas de ecoterrorismo o de activismo fundamentalista). Sin embargo, la democracia parece una precondición de los tipos de consideraciones y actuaciones medioambientales que implican la libertad en la toma de decisiones por ciudadanos amparados por derechos y libertades tanto individuales como colectivos. Para empezar, al sistema democrático se le supone la virtud de proveer mejor la información que reclaman dichas decisiones. Además, otras libertades como la de expresión, prensa, reunión o enseñanza son cruciales en el tratamiento y toma de partido de las acciones medioambientales. En general, parece lógico pensar que la democracia es más propicia que otras formas políticas del Estado a la sostenibilidad y la conciencia ecológica. La representatividad democrática y el pluralismo político y filosófico son caldo de cultivo de preocupaciones ecológicas, máxime en un contexto de creciente aprieto por el desequilibrio de los sistemas biológicos.

Democracia ecológica es, a día de hoy, una especie de tautología. Idealmente, los límites de sostenibilidad medioambiental (la explotación de los recursos por encima de sus confines de renovación) han de sopesarse lúcidamente por las mayorías sociales —y no solo por especialistas e investigadores— si queremos reforzar al unísono el ejercicio del poder político democrático y las determinaciones sobre el medio ambiente.

Como sociedad civil, y aunque partícipes de democracias maltrechas, rehabilitar un statu quo vivible contemporiza con el arreglo, mejoría y vigilancia de la sostenibilidad. Tomarse en serio la democracia es también tomarse en serio la naturaleza.

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