Océanos de plástico

(Justin Hofman)

«Imagine 15 bolsas de la compra llenas de plástico […] apiladas en cada metro de costa del planeta: sumarían unos ocho millones de toneladas, su estimación media de lo que tiramos al océano cada año. No está claro cuánto tiempo tardará ese plástico en biodegradarse por completo hasta el nivel molecular. Se calcula que entre 450 años y nunca» (Jenna Jambeck, profesora de ingeniería de la Universidad de Georgia).

Hace años que sabemos que el océano está roto. Lo hemos convertido en una escombrera, no solo de plásticos sino de cualquier desecho imaginable: boyas de aluminio, bombillas, botellas de vidrio, calzado, manchas de petróleo y aceite… Además, ahora sabemos que hay plástico incluso en los confines más remotos del planeta. En 2015 unos investigadores hallaron la isla Henderson (en el Pacífico Sur) repleta de plástico, y calcularon un total de 38 millones de piezas de basura…

 «Se han hallado microplásticos en todos los lugares del océano donde se han buscado, desde los sedimentos del lecho marino más profundo hasta los hielos flotantes del Ártico […] En algunas playas de la isla de Hawái, hasta el 15 % de la arena es en realidad un granulado de microplásticos».

La mayoría del plástico que consumimos no se recicla, además de que hay plásticos de difícil o muy difícil reciclaje (por ejemplo, el policloruro de vinilo [PVC], presente en tarjetas de crédito, tuberías, piel sintética, etc.), de modo que el problema supera nuestra capacidad de gestionar los residuos. ¿Cómo vamos a limpiar unos océanos saturados de plásticos, desde la superficie hasta el más recóndito fondo?

¿Quién no ha visto el vídeo de YouTube en el que un biólogo extrae con las pinzas de una navaja multiusos la pajita de plástico que una tortuga lleva atascada en una fosa nasal? Por si fuera poco el sufrimiento que ocasionamos a los animales en tierra, hay que sumarle el daño que les causamos en el mar:

«el albatros muerto con el estómago a reventar de basura; la tortuga atrapada en los aros que unían un pack de seis latas de refresco, con el caparazón deformado tras pasar años ceñido por el resistente plástico; la foca enganchada en una red de pesca abandonada».

Se han encontrado microplásticos hasta en pulgas de mar.

¿Qué hacer? Pienso que el daño es irreversible e irreparable, y que lo único que podemos hacer es ralentizar la tragedia con gestos como no usar bolsas ni botellas u otros envases de plástico; reciclar siempre, todo lo que se pueda y, por supuesto, no tirar basura a la naturaleza.

(Esta entrada es solo un breve comentario al magnífico reportaje publicado en National Geographic, vol. 42, n. 6, junio de 2018. Las citas están referidas a dicho reportaje).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s